
Khajuraho es una pequeña localidad situada en el estado de Madhya Pradesh en la India, y que es impresicible visitar si se está en ese país. Aquí se encuentra el mayor conjunto de templos hinduistas, famosos por sus esculturas eróticas. Los templos están considerados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Los templos de Khajuraho son una de las maravillas de la India, después del Taj Mahal.
Estos templos son soberbias manifestaciones de la arquitectura indo-aria, pero son los elementos decorativos con que fueron profusamente embellecidos los que ha dado tanta fama a Khajuraho. Los escultores han representado muchos aspectos de la vida en la India de hace un milenio: dioses y diosas, guerreros y músicos, animales reales y mitológicos. Pero dos temas aparecen una y otra vez y con mayor detalle que en cualquier otro lugar: la mujer el hombre y el sexo. Figuras en piedra de apsaras o «damas celestiales» son omnipresentes en cada templo.
En medio están las mithuna, las representaciones eróticas que ofrecen toda la gama de posiciones y posibilidades del Kama Sutra. Algunas suponen unas contorsiones atléticas asombrosas, mientras que otras resultan divertidas.
No hay consenso sobre qué significan las esculturas pétreas de Khajuraho: interpretaciones del Kama Sutra, escuela de iniciación para los adeptos tántricos –tantrikas- o reflejo de una sociedad liberal.
Según el Kama Sutra, el disfrute sexual es complementario al bienestar moral, material y espiritual de una persona, y no se considera tan pecaminoso e inmoral como en las filosofías occidentales. El sexo es tan natural como el sol y la lluvia, como el alimento y bebida. No es algo que deba ser ocultado produciendo un sentimiento de culpabilidad. El placer es tan esencial como el alimento para nuestra existencia, pero como todo, debe ser perseguido con moderación y precaución. El objetivo del Tantra y de los templos en Khajuraho, es controlar el sexo, no ser un esclavo de él.
Otra explicación de las esculturas eróticas de Khajuraho sería la de comprobar la sinceridad de los devotos. Si permanecen imperturbables ante la visión, entrarán en el templo y adquirirán un control total de los sentidos. Los débiles, turbados, no entrarán en el templo y duplicarán sus esfuerzos para dominarse. Hay historiadores que afirman que el templo hindú, a pesar de ser un lugar de culto, no era ni una iglesia ni una catedral. Sin duda era un lugar de encuentros sociales, en el que la presencia de las devadasis –servidoras de dios- lo convertía en una especie de burdel camuflado




























































































































































































































































































