TÚ
Enero 31st, 2009
Te sientas al borde del precipicio y bajas la vista con lentitud. El miedo nubla tus ojos y mueve todo cuanto ves. Reciclas en tu mente todo lo que te llena de miedo y angustia, pero no sacas nada en limpio. Estás turbada, confundida, ávida de salidas y sin ganas de despedir al fracaso.
¿Dónde están los sueños, las ilusiones, las repetidas tonterías que llenaban los pocos espacios vacíos que tenías?
Abrumadoramente, la realidad te atropelló en algún momento de tu vida y te diste cuenta que el azul del príncipe se emborronaba de gris y un hada, escondida, rompía con furia su varita. Empezaste a pensar que todo iba al revés.
Ya no disfrutabas la lluvia, porque era fría y molesta. Las gotas se te clavaban como puñales, ya no resbalaban acariciando tu piel. Ni caminabas con los ojos cerrados, ni devolvías el guiño al atardecer, cuando el sol se ocultaba, pensabas tú, juguetón.
Sigues allí, hundida en la tristeza, mientras tus lágrimas te mojan los pies. Recorres cada centímetro de tí, buscando culpas y causas. Te debates entre conflictos de niñez, desajustes emocionales, mal manejo de sentimientos, torbellinos de ideas surcan tu mente, como si la locura tocara tu puerta con insistencia. Sientes que no sabes nada, que acabas de nacer, incluso tienes miedo a caminar, a reír. Has empezado a madurar, y te duele. Te duele pensar que la integridad no existe, incluso para tí. Te desgarra por dentro analizar al ser humano y verlo desnudo, miserable, ladino, mostrándote la verdad.
Pero en el resquicio escondido desde donde intento dibujarte a través de mis palabras, me llama la atención algo. No distingo bien, es pequeño, travieso y se acerca a hurtadillas. Te tapa los ojos, y te da un beso. Arranca las pocas flores silvestres que dejaste con vida después de tu desahogo y te las coloca en el pelo. Te susurra en el oído que te quiere, que no llores, que él estará siempre contigo. Lo miras, y en pose de guerrero incombustible, te describe la batalla que librará con quien ose dañarte. Piensa que es dueño del mundo, y lo es. Es dueño de tu mundo, ese que ves acabado y que él cubre de esperanza.
Entonces piensas con más detenimiento que de costumbre. Ves el lienzo en blanco que es su vida y no te sientes con derecho a pintarlo tú. Deseas que lo haga él. Que lo haga con colores vivos, sin más borrones de los necesarios, Y echas a andar cogida de su mano. No sé que le dices en voz baja, pero salta de alegría y se agarra de tu cuello, te besa, se ríe a carcajadas.
Algún día te escribiré una carta. Quizás te la mande con él. Y sé que empezaré diciéndote: No existe mayor pobreza que la ceguera de no poder ver la riqueza que te rodea.
Levántate y lucha siempre, porque siempre merecerá la pena.
P/D.- A tí, porque me niego a que te empeñes en apagar tu propia estrella.












