(Breve acercamiento histórico)
Las viejas familias de indígenas arawak y las posteriores oleadas de indios caribes, vivían solapados a la naturaleza en las idílicas islas de las Antillas. Sólo la fuerza desatada de los ciclones caribeños alteraba a veces la quietud y arrasaba sus bahareques de madera y bambú y sus cultivos de papas, arracacha, maíz, cacao, algodón… Las extensas playas de una de aquellas islas, bautizada por Colón como La española, playas de arenas doradas similares a la de la Antilla de Huelva, de donde tomaron su nombre, fueron pronto el destino de aventureros españoles. Hombres y mujeres que se fueron implantando en la vida natural de la isla, olvidándose cada vez más de la metrópoli. En un paraíso así, eran más fastidiosos los rancios señoríos imperiales y hasta la cruz de algunos curas dejaba de ser de dura fe dogmática volviéndose cada vez más acomodaticia: de bambú y de cacao. Algunos criollos, dejaron de perseguir al indígena para aunarse con él y con el tiempo supieron rentabilizar, sin el sello de la corona, la riqueza de los exóticos productos locales. Sin embargo, sus principales clientes parecían ir convirtiéndose en los incipientes enemigos de España y de la fe católica: contrabandistas ingleses, franceses y flamencos, todos protestantes. El monopolio comercial y el prestigio espiritual del imperio sin noche, se sentía amenazado por este negocio independiente, ardid de heterodoxos españoles, que beneficiaba a los reformistas europeos, pero que no perseguía sino mejorar la vida de los que allí vivían, incluidos los esclavos, sin mayores pretensiones.
Pronto, desde Valladolid, se obligó a los criollos a negociar con amenazas tan estrictas como las desatadas contra los moriscos, a los que por entonces ya se les amenazaba con la expulsión de sus casas y tierras. Fracasadas pues de antemano las negociaciones designaron al gobernador adecuado que pusiera las cosas en su sitio. Antonio de Osorio, Capitán General y presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo, iba a ser el ejecutor de las medidas recomendadas por la corte de España. Devastación de las ciudades y plantaciones de Guaba, Bayaja, Yaguana y otras, y despoblación inminente del territorio con traslado de los afectados a la parte oriental de la isla.
La rebelión se desató en las ciudades por devastar, con el caudillo Hernando Montoso y el cura Diego Méndez a la cabeza. Pero fue el primero en la ciudad de Guaba el único que logró resistir, buscando el apoyo, nunca hecho efectivo, de los holandeses y poniendo en el frente de lucha a todos los hombres de la zona incluidos los esclavos, que vieron en ello una manera de emancipación. Pero esta rebelión de Guaba fracasó y en los bosques colindantes se mantuvieron partidas de alzados compuestas de negros, blancos y mulatos, que acabaron viviendo de la cacería de reses y de los contactos puntuales con los piratas que merodeaban las costas. Las tenaces batitas de las tropas españolas persiguieron y capturaron a la mayoría, a excepción de ciertos grupúsculos de negros rebeldes, los primeros negros libres de la isla.
Años después, en las islas occidentales de las zonas despobladas, se fueron asentando aventureros normandos que se hicieron bucaneros, es decir: ahumadores de carne de caza de reses y cerdos cimarrones, así como traficantes de pieles y de tabaco. Y también hubo incursiones y asentamientos de piratas filibusteros, también franceses. Ocuparon, como punta de penetración, la Isla de la Tortuga y más tarde otros puntos de La española. Estos destacamentos suponían el pretexto idóneo para que la parte oeste de la isla fuera reclamada por Francia. Eran los efectos perversos del crimen de la devastación y despoblación de esas costas por parte de España, casi un siglo antes. En 1667, los Austrias cedieron a Francia esa parte de la isla por el Tratado de Ryswick, constituyéndose el Saint Domingue francés.
La losa del tiempo haría de aquel Haití colonial un sistema esclavista aún más cruel bajo el látigo férreo de Francia. El 1750 contaba con una población de 300.000 esclavos africanos y apenas 12.000 personas libres, blancos principalmente y algunos mulatos.
Dos décadas más tarde, en la calígine catártica del mes de agosto de 1769, se produjo un hecho excepcional en un lugar conocido como Bois-Cayman. El chamán vudú Boukman aglutinó en ceremonia multitudinaria a los que pronto serían los elementos humanos y estratégicos de la inminente Ravolución Haitiana. Llovía y el cielo estaba en un misterioso apogeo de nubes, cuando los esclavos declararon el convencimiento de su condición de libres. Una mujer comenzó a bailar rítmicamente entre la multitud, poseída por las espíritus. Con un cuchillo en la mano, seccionó la garganta de un cerdo y dio de beber la sangre a todos los participantes de la reunión, que juraron luchar por su libertad y matar si fuera preciso para ello a todos los blancos en la isla. El 22 de agosto de 1791, los negros del Norte se levantaron en rebelión, sembrando de fuego las plantaciones de la colonia y matando a todos los blancos que se encontraron. Los franceses terminaron capturando al líder de los esclavos, Boukman, al que decapitaron, dejando la rebelión bajo control. Pero esta muerte, a pesar de que había detenido temporalmente la rebelión del Norte, no lograba contener al resto de los esclavos que luchaban exigiendo su libertad.
La revolución estaba en marcha y nada podía detenerlo. El protagonista verdadero del milagro emancipador de Haití no fue sino la fuerza inquebrantable del pueblo esclavo, pero tuvo un catalizador clave en la figura y astucia del líder afro-haitiano Francois Dominique Toussaint-Louverture, un hombre que supo dirigir la revolución con inteligencia, usando los mismos ardides que las potencias colonizadoras: enfrentarlas entre sí, dividir en una pugna estratégico colonial a ingleses, franceses y españoles. Fue capturado y desterrado en 1793 y muerto en Francia años después.
Pero es Jean Jacques Dessalines, en1803, quien vence definitivamente a las tropas francesas de Napoleón en la batalla de Vertierres arrojándolas de la isla. En 1804 declara la independencia de Haití, pero adopta más que la esencia, la estética revolucionaria francesa, proclamándose como el emperador Jacques I un año después y siendo víctima mortal de sus más íntimos colaboradores al siguiente, quienes se reparten el control del país.
Durante el siglo diecinueve se logra la descolonización y liberación definitiva de toda la isla, cuya parte oriental fue invadida y anexionada a la abolición esclavista por Haití en 1822. Dos décadas después, el libertador haitiano es ahora el invasor dando lugar a cruentas rebeliones separatistas, hasta que en 1944 La republica Dominicana alcanza su propia independencia.
La gran inestabilidad política del país durante el cambio de siglo, sirvió a los Estados Unidos, una vez ganada la guerra contra España (en la que entró mediante el atentado de bandera falsa del hundimiento del buque Maine en la bahía de La Habana) y una vez anexionado a su órbita de influencia neo-imperial Cuba y Puerto Rico, como pretexto para invadir Haití en 1915 y ejercer así un control absoluto hasta 1934.
En este recién comenzado 2010 una hecatombe telúrica sin precedentes arrasó completamente Haití. De inmediato, una nueva suerte de invasión militar estadounidense se ha materializado en la isla (20.000 soldados, la 82ª unidad aerotransportada, presente en todas las grandes guerras USA de la historia); se ha calificado como una invasión humanitaria, pues más parece una justificación de larga permanencia militar, dado el exagerado número y el perfil de los efectivos desplazados, que una ayuda temporal a propósito del terrible terremoto de 7.4, acaecido el día 11 de enero. Un seísmo de más de un minuto, con varias réplicas, que devastó completamente la capital Puerto Príncipe y que ha dejado una lista de muertos que se acerca ya a los trescientos mil, así como a millones de heridos y de personas si hogar.
Franjamares, febrero de 2010