El especialista
El especialista
Por Franjamares
Me dedico por vocación a un oficio ingrato.
He de decir no obstante que he nacido para ello, que desde la más tierna infancia he sentido la atracción de lo difícil, mis deseos y mis facultades ayudaban a ello y de continuo me descubría en medio de la última de las proezas vividas en nuestro pequeño mundo y en otros que fuimos cada vez creando más complejos y anónimos. Si había que subir por una pared vertical sin apenas donde agarrarse, allí estaba un servidor. Si había que cruzar un río caudaloso colgado de una cuerda era éste quien antes la probaba. O cuando decidíamos saltar desde la peña más alta al mar embravecido, era yo quien ocupaba sin problemas la primera fila de lanzamiento.
¿Quiero decir con esto que soy un héroe o que no tengo miedo a los peligros derivados de vivir al filo de lo imposible? No a ninguna de las dos cosas. No soy ningún héroe y sí que siento miedo frente a esos retos tan arriesgados. Lo que creo que me pasa es que he de tener bajo los niveles de adrenalina y para vivir tranquilo y dormir a la pata la llana necesito de vez en cuando, cuando no a diario, un subidón de peligros.
Por eso soy el especialista. Era el oficio perfecto para un tipo como yo. Situaciones límite garantizadas, el recuerdo que será nostalgia del celuloide como regalo de toda una vida; y encima ganando pasta, un sueldo no obstante exiguo, debido a las incontables faenas, complicadas y riesgosas, que he tenido y tengo que hacer.
He dicho al principio que mi oficio es ingrato y quiero explicarles ahora el porqué. ¿Qué hay más ingrato que aparecer en las últimas letras del reparto, cuando ya la gente le da el culo a pantalla abandonando la sala de cine y no al principio, en el primer rótulo antes incluso del título? ¿No es ingrato también ofrecerle al publico tus proezas de héroe o tus piruetas de víctima abatida en los planos más emocionantes del film, para acto seguido meter en primer plano el careto peinado e impoluto del galán de turno? ¿No es ingrato mostrarle al espectador un cuerpo atlético y equilibrado, que cabalga, escala o pelea, un cuerpo todo nervio como el mío, para doblar en el plano secuencia la supuesta estampa adiposilla del actor principal, máxime si ya está entrado en años y en kilos? Una vez incluso tuvieron que ponerme rellenos bajo la ropa, para simular la fofez de Indiana Jones, ¡tiene cojones! Y ya para colmo, ¿No es sumamente ingrato e injusto que dos personas que hacen el mismo trabajo, en la misma empresa, cobren cantidades tan diametralmente distintas: cientos de millones uno y escasos miles el otro?
Increíble, pero cierto. Pues me he hartado de toda esta farsa y he decidido actuar de una vez por todas. Será la forma de reivindicar mis derechos, de pedir justicia y equilibrio. Cuando salga a escena, burlaré el recorte de la cámara, mostrándole el rostro a la menor oportunidad. No sé si esto me va a costar el puesto, pero no aguanto más esta situación. Esta tarde giraré el cuello y todos sabrán quién es realmente el actor de la película y quién el extra de contrato millonario. Quién sabe, tal vez el jefe de fotografía y el propio director, tras la mejor de mis interpretaciones, acaban por dejar la cinta con mi insospechada cara, encargándole al equipo de maquillaje la tarea de asemejar las facciones del prota a las mías. No sé si sería la primera vez que el actor es sometido a maquillaje para parecerle al doble. Y si no, que usen esas técnicas de video tan recurrentes hoy en día en los efectos especiales. Si por último se atreven a repetir el plano, volveré para interpretar mi papel mejor todavía si cabe, pero volviendo a mostrar mi fisonomía de verdadero actor.
Se acabaron ya las farsas, todo saldrá por fin a la luz… Y a las malas, ¡qué le vamos ha hacer!, un especialista más en el paro.
In
Francisco Cruz, conocido como “
La Meca
ESCLAVITUD TANGENCIAL
SI EL PRESENTE ES LA C