Archive for Agosto, 2009

29
Ago

Somos luz… ¿y vivimos en la sombra?

   Posted by: franjamares    in General

Somos luz

(Franjamares)

¿Somos luz y vivimos en la sombra?

… Las tinieblas contienen nuestro albor,

fuimos y seremos sustancia del olvido,

instinto animal; ofuscación de hombre:

vanidad y utopía en el seno del bosque,

la voz amiga en la sima del pensamiento,

un rayo de esperanza arriba de la cuesta,

la mano tendida, la traición cálida,

gozos, lágrimas del edén tras la tapia.

Somos un arco iris de setenta colores

El oído lento, indomable de nuestra alma.

una cáscara porosa que a veces se abre

el valor consciente del que se entrega

un sufrimiento con espuelas que no cesa

un nunca jamás que florece en la renuncia

una paz traslucida dentro del tórax

el beso profundo en la lengua del infinito

un temblor de silencios y de orgasmos…

Somos luz y estamos en la sombra

manchados de ruido, con prisas,

sin prisma, escindidos en siete rayos negros,

un reptil apagado siete veces fulgurante

el patético exiliado de la fuente irisada

el olvido eterno del que piensa siempre

el que ama su miedo o su carencia

el que habrá de morir en el intento

aceptando vivir con la muerte a cuestas.

YouTube Preview Image

22
Ago

¿Mala compañía?

   Posted by: franjamares    in General

Ferrán Millán, Acrílico sobre lienzo.

 

¿Mala compañía?

Por Franjamares

Dime con quien vas y…

Sí. La peor compañía de todas es la tuya.

Vas buscando siempre ansiosamente la felicidad donde no existe sino un mero reflejo. Arrastrándome junto a ti a gozar finalmente de lo efímero, un instante de gozo, seguido invariablemente por un lapso lento y tortuoso de dolor o sufrimiento. ¿No hay gozo sin pena en tu modo de ver el mundo? Pero esto a ti, inconsciente ser, parece que te gusta, te aporta nuevas energías… Te rebelas ante la adversidad y la adversidad se rebela contra ti y contra mí. Te dejas llevar por el monstruo del dolor propio olvidado y por el dolor latente del mundo, concentrado en tus meninges, hasta que acabas exhausta y derrotada, más inconsciente que nunca; incapaz de ver la absurda creación paranoica con que identificas tu vida; ciega a la luz que es, y que el hundimiento de tu mundo ahora deja libre; ofuscada de dolor y miedo, perdida… y conmigo de rehén.

Tras la tormenta amanece una bella temporada de calma, es entonces que noto la belleza del mundo, el significado fundamental oculto tras las formas, noto una invisible paz corriendo por mis venas, ¿el sentido auténtico de la vida vibrando dentro de mi cuerpo? … Pero tú en ese instante te sientes olvidada, aislada, impacientada, y comienzas a juzgar y a criticar a todo el mundo, a lamentarte por las cosas pasadas y a dejarme todo ese resentimiento encima como un baño de grasa. Es hora, dices, de urdir tus planes de futuro anhelando, buscando de nuevo los sabores de “gloria” del paladar del recuerdo: una nueva manera de conseguir en breve la felicidad; de satisfacer los sentidos que rigen el armazón de huesos y carne y, sobre todo, de engordar la vanidad o acaso, a un mal venir, la autocompasión.

Yo, mente egótica*, continuaré a tu lado a pesar de todo; seguiré esperando el milagro: te observaré sin cejar en el intento, estaré presente y seré consciente de tu demente juego, hasta que dejes de hacer figuras ante el espejo, hasta que mueras en tu mundo ilusorio; y dejes de identificarte conmigo, haciéndome creer que eres yo.

 

* El Poder del Ahora de Echkhart Tolle. Libro: http://www.librosgratisweb.com/pdf/tolle-echkhart/el-poder-del-ahora.pdf

16
Ago

La SerPiente y los ChaKras

   Posted by: franjamares    in General

La SerPiente y los ChaKras

YouTube Preview Image

La serpiente kundalini, gira en espiral en nuestro cuerpo uniendo los siete chakras que nos llevarán del mundo denso y material de nuestra mente egótica al estado energético y espiritual del Ser fuera del tiempo o iluminación. Bello viaje de ida y vuelta, por las percepciones físicas, emocionales, por el pensamiento compulsivo, hasta el silencio del momento presente, hasta la puerta de conciencia pura que nos haga felices de ser parte de la unión con el todo, y vivir la paz interior del conocimiento. Palabras que no son nada sin la experiencia.

YouTube Preview Image

YouTube Preview Image

Los Papalagi, del jefe Samoano, Tuiavii de Tiavea

(o cómo ve la mentalidad occidental un aborigen polinesio)

Quería conocer en persona al hombre del que tanto había escuchado hablar a mi colega y amigo, el antropólogo Erich Scheurmann. El jefe Samoano, Tuiavii de Tiavea, que había empezado ya su misión, sus charlas informativas por distintos poblados e islas del sur de la Polinesia. Un idílico lugar en donde vivía como uno más entre sus hermanos, bebía kava, iba al loto, por la mañana comía plátanos, toras y yams y observaba todos los ritos y costumbres. Sólo existía una diferencia entre Tuiavii y ellos: sus más íntimos amigos sabían lo que estaba hirviendo en el interior de su ser, luchando para llegar a la luz, cuando se tumbaba, soñando, en la estera de su casa, o cuando escribía sus historias sobre los Papalagis y sus costumbres, sobre la amenaza que estos quebrantadores de los cielos podía suponer para su pueblo; esa era su diferencia y el único motivo de sus charlas. Un sistema de valores el de los europeos donde Tuiavii vislumbraba en su falta de amor y unión con El Gran Espíritu, una sed de mal.

Entré sigiloso, tomando asiento en los últimos bancos de la escuela, vi entonces su alto y robusto talle que la luz del sol encendía desde atrás proyectada como una especie de áurea, escuché su voz de niño grande y sus palabras, pronunciadas con amor y vehemencia en el idioma samoano, y me fueron cautivando pues sus ganas de comunicar eludían la barrera de comprensión que aún tenía con esa lengua. Su discurso no tenía desperdicio. Al oír desde fuera, desde su divina inocencia, las falacias y defectos de nuestro sistema de valores, me sentí incomodo, decepcionado, incluso avergonzado. Aquella voz samoana, desnuda y precisa me hizo reflexionar sobre el futuro de nuestra civilización occidental.

“Y los Papalagi inventan cada vez más cosas. Sus manos arden, sus rostros se vuelven cenicientos y sus espaldas están encorvadas, pero todavía revientan de felicidad cuando han triunfado haciendo una cosa nueva. Y, de repente, todo el mundo quiere tener tal cosa; la ponen frente a ellos, la adoran y le cantan elogios en su lenguaje.

“¡Oh, hermanos!, confirmad mis creencias porque he observado al Papalagi y he visto sus intenciones tan claras como si las iluminase el sol del mediodía. Porque él destruye todas las cosas del Gran Espíritu.

“..Donde se congregan todas sus chozas que ellos llaman una ciudad, allí la tierra está tan desnuda como la palma de vuestra mano y ésta es una de las razones por las que a los Papalagi se les han ablandado los sesos y juegan a ser el Gran Espíritu en persona: para no pensar en todas las cosas que han perdido. Porque están despojados y porque su tierra se ha vuelto tan triste que coleccionan cosas como un loco colecciona hojas muertas y llena su cabaña con ellas hasta que todo espacio libre queda ocupado. Ésta es la razón de que nos envidie y espere hacernos tan pobres como él es.

“Es signo de gran pobreza que alguien necesite muchas cosas, porque de ese modo demuestra que carece de las cosas del Gran Espíritu. Los Papalagi son pobres porque persiguen las cosas como locos. Sin cosas no pueden vivir. Cuando han hecho del caparazón de una tortuga un objeto para arreglar su cabello, hacen un pellejo para esa herramienta, y para el pellejo hacen una caja, y para la caja, una caja más grande. Todo lo envuelven en pellejos y cajas. Hay cajas para taparrabos, para telas de arriba y para telas de abajo, para las telas de la colada, para las telas de la boca y otras clases de telas. Cajas para las pieles de las manos y las pieles de los pies, para el metal redondo y el papel tosco, para su comida y para su libro sagrado, para todo lo que podáis imaginar. Cuando una cosa sería suficiente, hacen dos.

“Todos vosotros sabéis, hermanos, que cuento la verdad que he visto con mis propios ojos, sin añadir a mi historia ninguna opinión. Por eso creedme cuando os cuento que hay gente en Europa que presiona un palo de fuego en sus frentes y se matan, porque prefieren no vivir a vivir sin cosas. Los Papalagi turban de todos los modos posibles sus mentes y enloquecen pensando que el hombre no puede vivir sin cosas, como no puede vivir sin comida. … Los que tienen pocas cosas se llaman a sí mismos pobres o infelices. Ningún Papalagi canta o va por la vida con un destello en su mirada cuando su única posesión es un recipiente de comida como hacemos nosotros.

“Cuantas más cosas necesitas, mejor europeo eres. Por esto las manos de los Papalagi nunca están quietas, siempre hacen cosas. Ésta es la razón por la que los rostros de la gente blanca parecen a menudo cansados y tristes y la causa de que pocos de ellos puedan hallar un momento para mirar las cosas del Gran Espíritu o jugar en la plaza del pueblo, componer canciones felices o danzar en la luz de una fiesta y obtener placer de sus cuerpos saludables, como es posible para todos nosotros.

“Los Papalagi adoran el metal redondo y el papel tosco; les da mucho placer poner los zumos del fruto muerto y la carne de los cerdos, bueyes y otros animales horribles dentro de sus estómagos. Pero también sienten pasión por algo que no podéis comprender, pero que a pesar de esto existe: el tiempo. Lo toman muy en serio y cuentan toda clase de tonterías sobre él. Aunque nunca habrá más tiempo entre el amanecer y el ocaso, esto no es suficiente para ellos.

“Los Papalagi nunca están satisfechos con su tiempo y culpan al Gran Espíritu por no darles más. Sí, difaman a Dios y a su gran sabiduría dividiendo cada nuevo día en un complejo patrón, cortándolo en piezas, del mismo modo que nosotros cortamos el interior de un coco con nuestro machete. Cada parte tiene su nombre. Todas ellas son llamadas segundos, minutos u horas. El segundo es más pequeño que el minuto y el minuto más pequeño que la hora. Pero todos ellos ensartados juntos forman una hora. Para hacer una hora, necesitas sesenta minutos y muchos, muchos segundos… Ésta es una historia increíblemente confusa, de la cual yo mismo no he entendido todavía los puntos más sutiles, puesto que es difícil para mí estudiar esta tontería más allá de lo necesario. Pero los Papalagi le atribuyen mucha importancia. Lamentos comunes a la gente blanca son: el tiempo se desvanece como el humo, el tiempo corre y dame sólo un poco más de tiempo.

“He dicho que probablemente es alguna clase de enfermedad; porque cuando el hombre blanco siente deseos de hacer algo, cuando por ejemplo su corazón desea ir caminando por el sol, navegar en un bote por el río o hacer el amor a su amiga, usualmente se priva de su propia dicha al ser incapaz de encontrarlo. Mencionará miles de cosas que se llevan su tiempo. Malhumorado y farfullando soporta un trabajo que no siente ganas de realizar, que no le da ningún placer y al que nadie más que él mismo le obliga. Y cuando, repentinamente, descubre que en verdad tiene tiempo o cuando otros se lo dan -los Papalagi se dan a menudo unos a otros tiempo y ningún regalo es más preciado que ése-, entonces descubre que no sabe qué hacer durante ese tiempo en particular, o que está demasiado cansado de su trabajo, sin alegría. Y siempre está determinado a hacer esas cosas mañana, porque hoy no tiene tiempo.

“Los Papalagi tienen una manera extrañamente confusa de pensar. Siempre se están devanando los sesos, para sacar mayores provechos y bienes de las cosas, y su consideración no es por humanidad, sino sólo por el interés de una simple persona, y esa persona son ellos mismos.

En nuestro idioma «lau» significa «mío», pero también significa «tuyo». Es casi la misma cosa. Pero en el idioma de los Papalagi es difícil encontrar dos palabras que difieran tanto en significado como «mío» y «tuyo». Mío, significa que algo me pertenece por entero a mí. Tuyo, significa que algo pertenece por entero a otro. Es la razón por la que el Papalagi llama a todo lo que está cerca de su casa «mío». Nadie tiene derecho a ello más que él. Cuando visitas a un Papalagi y ves algo allí, un árbol o una fruta, madera, agua o un montón de basura, siempre hay alguien alrededor para decir: «Es mío y que no te coja tomando algo de mi propiedad». Incluso si tocas algo empezará a berrear y te llamará ladrón. Ésta es la peor maldición que conoce. Y solamente porque te has atrevido a tocar el «suyo» de otro hombre. Su amigo y los criados del jefe vendrán corriendo, te pondrán cadenas, te echarán a la más sombría pfui-pfui y la gente te despreciará durante el resto de tu vida.

“Los Papalagi tienen necesidad de leyes que guarden su mío, porque de otro modo, la gente con poco o nada de mío, se las quitaría. Porque si hay gente que pide mucho para sí misma, hay muchos otros abandonados que permanecen de pie con las manos vacías. No todo el mundo conoce las tretas y señales escondidas con las que se puede acumular mucho mío, y también se necesita una especie de valor, que tiene poco o nada que ver con lo que nosotros llamamos respeto y puede que aquellos Papalagi que están con las manos vacías, porque no querían robar o insultar a Dios, sean los mejores de su tribu. Pero no existen muchos Papalagi como esos.

“La mayoría de ellos roban a Dios sin un ápice de vergüenza siquiera. No conocen nada mejor. No se dan cuenta de nada-mal-hecho; todo el mundo lo hace y nadie ve nada extraño o se siente mal por ello. Muchos también reciben su montón de mío por nacimiento, de sus padres.

“Los Papalagi tienen el talento de cambiarlo todo en su lanza o en su garrote. Toman el relámpago salvaje, el fuego ardiente y las aguas rápidas, y los hacen someterse a su voluntad. Los encierran y les dan órdenes. Y éstos les obedecen. Se convierten en fuertes guerreros para ellos. Los Papalagi son capaces de hacer al salvaje relámpago más rápido aún y más luminoso, al ardiente fuego aún más radiante y al agua aún más rápida de lo que ya era. Realmente los Papalagi parecen ser los «quebrantadores de los cielos», los mensajeros de los Dioses, a causa de su dominio sobre la tierra y el cielo.

“El Papalagi es como un pez, un pájaro, un gusano y un caballo al mismo tiempo. Perfora la tierra y a través del suelo cava túneles bajo los más anchos arroyos de agua fresca. Repta por las montañas y rocas, ata cuerdas de hierro a sus pies y corre veloz, más rápido que el más rápido caballo. Se mueve en el aire, ¡puede volar! Le he visto deslizarse a través del aire como una gaviota de mar. Tiene una gran canoa para encima del agua y otra también para debajo. Hace surcar su canoa de nube en nube.

“Todas las cosas de las que he sido testigo y que os estoy contando ahora, son sólo una pequeña parte de las que mis ojos han observado. Y dejadme deciros que los blancos se enorgullecen de trabajar todo el tiempo en milagros más suaves y poderosos, y gran número de ellos permanecen en pie toda la noche para encontrar más formas de burlar a Dios. Porque resulta que quieren vencer al Gran Espíritu y tomar posesión de sus poderes ellos mismos. Los Papalagi retan a Dios. Pero Dios es todavía más fuerte que los Papalagi, incluida su máquina más experta, y es todavía Dios el que decide quién muere y cuándo. El sol, el agua y el fuego obedecen aún primero a Dios. Y el hombre blanco no ha conseguido todavía regular la salida de la luna o la dirección del viento.

“Ésta es la razón por la que esos milagros no son tan importantes. Y, mis amados hermanos, a aquellos habitantes de la isla que permiten ser deslumbrados por los milagros del hombre blanco, a aquéllos que rezan a los blancos a causa de sus acciones y a aquéllos que se llaman a sí mismos pobres e indignos porque sus mentes y sus manos no son capaces de hacer cosas como las suyas, a todos ésos yo les llamo débiles. Las artes y magias de los Papalagi pueden provocar mucha admiración ante nuestros ojos, pero cuando las ves a la luz brillante del día, no significan mucho más que tejer una estera o hacer un garrote; todo nuestro trabajo es como el juego de los niños en la arena. Porque nada de lo que el hombre blanco ha hecho puede hallar comparación con el trabajo del Gran Espíritu.

“Los «muchos papeles» también llevan al Papalagi a un trance extraño ¿Qué quiero decir con eso de los «muchos papeles»? Tratad de imaginar una estera de «tapa», delgada, blanca y doblada, partida por la mitad y doblada de nuevo, estrechamente cubierta de escritura por todas partes, muy firmemente; así es como se ven los «muchos papeles». El Papalagi los llama periódicos.

“En el interior de todos esos papeles, la sabiduría del Papalagi está escondida. Cada mañana y cada noche tiene que hundir su cabeza en ellos para rellenarla, para satisfacerla y asegurarse de que haya mucho en su interior y así pensar correctamente, del mismo modo que un caballo correrá mejor cuando lo alimentes con muchos plátanos y su cuerpo esté bien repleto. Cuando los alii están todavía dormidos en sus esteras, multitud de mensajeros están ya atravesando la tierra para distribuir los «muchos papeles». Es la primera cosa que él coge cuando se ha desprendido del sueño. Sumerge los ojos en las cosas contadas por los «muchos papeles» y lee. Todos los Papalagi hacen eso, todos ellos leen… Leen lo que los grandes jefes y oradores de Europa han dicho durante sus fonos. Todo esto está cuidadosamente anotado en esteras, incluso cuando es una tontería. Los taparrabos que llevan son también descritos, incluso la comida ingerida por los alii; los nombres de sus caballos y si tienen pensamientos débiles o elefantiásicos.

“Cuando hablas a un europeo sobre el Dios del Amor, sonríe y pone cara divertida. Sonríe por tu estupidez. Pero tan pronto como le muestres una pieza de metal redondo y brillante o una hoja de papel tosco, entonces sus ojos se iluminan y la saliva empieza a babear por sus labios. Dinero es su único amor, el dinero es su Dios. Esto es en lo que todos los blancos piensan, incluso cuando duermen. Hay algunos cuyas manos se han vuelto retorcidas y han tomado la apariencia de las patas de una termita, como resultado del continuo esfuerzo por obtener el metal y el papel. A otros se les han vuelto ciegos sus ojos de tanto contar el dinero. Existen aquéllos que han dado su alegría a cambio de dinero, su risa, su honor, su alma, su felicidad; sí, incluso su esposa y niños. Casi todos ellos han dado su salud por dinero.

“Tal como he dicho, los Papalagi nos han traído la luz que se ha asentado en nuestros corazones ardientes y ha llenado nuestros sentidos de felicidad y gratitud.

“Ellos recibieron la luz más pronto que nosotros. Los Papalagi conocían la luz incluso antes de que el más viejo entre nosotros hubiese nacido. Pero el Papalagi únicamente sostiene la luz en sus manos extendidas para dejarla brillar sobre otros; pero él mismo, su cuerpo, está todavía en la oscuridad, y su corazón está lejos de Dios. Aun cuando él nombra a Dios con su boca, cuando la luz que lleva esté en sus manos. Nada es más difícil y llena mi cabeza de mayor pesar que tener que deciros esto. Pero no podemos ni queremos ser cegados por los Papalagi; de otro modo nos arrastrarán a su oscuridad. Ellos nos trajeron la palabra de Dios, pero fallaron al entender sus mensajes y enseñanzas. Con sus manos y bocas lo hicieron, pero no con sus cuerpos. La luz no les ha penetrado a pesar de brillar por fuera e iluminar todo a su alrededor. Una luz que algunas veces es llamada «amor».

“El blanco se llama a sí mismo cristiano. Una palabra como una bella melodía. Un cristiano. ¡Oh, si pudiéramos llamarnos eso siempre! Ser cristiano significa amar a Dios y a tu hermano, y solamente entonces amarte a ti mismo. Amar, hacer lo que es correcto, debe ser parte de nosotros como nuestra sangre, nuestra cabeza o nuestras manos. Los Papalagi llevan las palabras «Dios», «amor» y «cristiandad» solamente en sus labios. Las ponen sobre sus lenguas y las dejan retumbar. Pero sus corazones y su amor no se inclinan ante Dios, sino ante objetos y ante las máquinas. No están llenos de luz, sino de un deseo glotón por el tiempo y por la insensatez de sus profesiones. Están diez veces más ansiosos por visitar los locales de pseudovida que por emprender la búsqueda de Dios, que está lejos, muy lejos.

“Queridos hermanos, justamente ahora el Papalagi tiene aún más ídolos que nosotros teníamos, si entendemos por ídolo algo que adoras además de a Dios y que llevas en tu corazón como tu más preciada posesión. Dios no es el bien más precioso que el Papalagi lleva en su corazón. Por esto no obedece sus deseos, pero sí aquellos de un aitu. Os digo esto como resultado de mis pensamientos: los Papalagi nos han traído las escrituras como una especie de objeto de trueque, para cambiarlas por fruta y por las mejores y más bellas partes de la isla. Creo que son muy capaces de eso, pues he descubierto muchos sucios pecados en los corazones de los Papalagi y sé que Dios nos ama más de lo que les ama a ellos, que nos llaman salvajes, palabra que trata de evocar imágenes de animales con colmillos, carentes de toda alma.

“Pero Dios tomó sus ojos y los abrió desgarrándolos para hacerles ver. Dios dijo a los Papalagi: no podéis vivir de cualquier modo que queráis. A vosotros ya no os haré más mandamientos. Entonces el hombre blanco vino y se mostró en su verdadera forma. ¡Oh, desgracia! ¡Oh, terror! Con voces rugientes y palabras orgullosas nos quitaron nuestras armas y, como Dios, dijeron «amaos los unos a los otros» ¿Y ahora? ¿Habéis oído las terribles noticias? ¿Esas noticias blasfemas, amargas y sin amor? ¡Europa está ocupada asesinándose! Los Papalagi se han puesto frenéticos. Uno está matando a otro. Todo se está destruyendo en sangre, miedo y terror. Al fin los Papalagi han admitido que Dios no está con ellos. La luz que llevaba en sus manos se ha ido, la oscuridad está en su camino, nada se oye salvo el aterrador batir de las alas del murciélago y el ulular de los búhos.

“Hermanos, mi amor por Dios y por todos vosotros me posee; por esa razón Dios me dio mi pequeña voz, para contaros todas estas cosas que os he dicho. De modo que permaneceremos firmes en nuestro interior y no seremos seducidos por la lengua fluida y rápida de los Papalagi.

“Cuando vuelvan, mantengamos nuestros brazos frente a nuestros ojos y gritémosles que silencien sus voces estrepitosas, porque a nosotros sus voces nos suenan como el rugir del oleaje y el silbar de las palmeras, pero a nada más. Y mientras no tengan rostros fuertes y felices, y desde sus brillantes ojos la imagen de Dios no irradie como el sol, dejémosles permanecer lejos.

“Dejémonos de promesas y gritémosles: «Permaneced lejos de nosotros con vuestros hábitos y vuestros vicios, con vuestra loca precipitación por la riqueza que traba las manos y la cabeza, vuestra pasión por llegar a ser mejores que vuestros hermanos, vuestras muchas empresas sin sentido, vuestros curiosos pensamientos y el conocimiento que no conduce a nada, y otras tonterías que dificultan vuestro sueño en la estera. Nosotros no tenemos necesidad de todo eso: somos felices con los placeres agradables y nobles que Dios nos ha dado para no ser cegados por su luz y que pueda ayudarnos para que no nos perdamos, y brille siempre en nuestro camino de tal modo que podamos seguir su senda y absorber su maravillosa luz, que significa amarse los unos a los otros y llevar mucha fafola en nuestros corazones».”

7
Ago

El Universo Eléctrico (relato)

   Posted by: franjamares    in General

El Universo Eléctrico (relato)

Por Franjamares

Sus artículos en la revista Astronomy habían causado una expectación sin precedentes, desde hacía años ninguna teoría lograba tanto interés y curiosidad dentro de la elitista sociedad científica, así como en el mundillo de los medios. Sus teorías, sus experimentos en laboratorio, sus observaciones y sus cotejos con otros estudios y con otras disciplinas tradicionalmente antagónicas, parecían haber encendido su mente y su percepción sobre la naturaleza de lo existente, la cual se movía ahora sobre las cargas eclécticas, los campos magnéticos y las corrientes trenzadas que sobre un plasma cósmico daban unidad y sentido físico al vasto e infinito Universo.

“Lleno absoluto”, exclamaba el gerente de la organización. En el auditorio faltaban asientos, la gente se agolpaba de pie en los pasillos laterales y detrás la última fila, entre los fotógrafos y periodistas. El presentador comenzó dando la palabra a su colega de investigación  y además coautor de la teoría del “Universo eléctrico”, el profesor Talbott, teórico y experto en mitología comparada.

Puso éste de relieve, en sus primeras palabras, que la representación morfológica de los mitos de la antigüedad en las distintas regiones del mundo, su unicidad de caracteres a pesar de que sus civilizaciones jamás tuvieron contacto entre sí (no hay ideas solitarias en el nivel del arquetipo), guardan una correspondencia directa con las formas que adoptan las descargas de plasma observadas en laboratorio. Estas culturas antiguas y aisladas fueron testigos de un cielo distinto que el de la actualidad, un firmamento en el que probablemente acontecieron fenómenos celestes extraordinarios, pero fácilmente explicables ahora en esta comparativa con los modelos eléctricos en un campo de plasma. El Uróboros: serpiente devorando su propia cola que representa la naturaleza cíclica de las cosas; la columna cósmica sosteniendo la rueda del cielo: símbolo del templo cósmico, la cuidad de los dioses, el Olimpo, el reino del cielo, descansando invariablemente sobre esta columna cósmica; y los cuatro ríos o sendas irradiando desde el centro de la rueda del cielo hacia fuera, hacia el horizonte de la circunferencia, cuyo centro da propósito al viaje del héroe, y la madre diosa encuentra su identidad.

Las ideas de Talbott despertaban el interés y la incredulidad a partes iguales. Eran suposiciones muy arriesgadas pero que el profesor lograba hacerlas ver claras, incluso demostradas, y siempre, por supuesto: posibles. De pronto se apagaron las luces de la sala y un murmullo sibilino, como las dudas de los más incrédulos, fue saltando a impulsos desde la línea del silencio, hasta que comenzaron a proyectar diapositivas de las representaciones mitológicas implicadas en la charla. Talbott echó el resto de su haz de convicciones sobre aquellas imágenes, que parecían hablar por sí mismas sobre la veracidad de sus descubrimientos. Acabó su disertación y los aplausos arrancaron en el rostro del ponente una amplia, y yo diría que anhelada, sonrisa de satisfacción. El nuevo conferenciante, el profesor Thornhill, silenció el chapoteo de los aplausos.

El físico empezó explicando que el plasma, por así decirlo, es el cuarto estado de la materia, amén de que por su naturaleza disgregada no sería sino: el estado fundamental de la materia. Un estado donde las partículas cargadas eléctricamente (una lista de protones y electrones), están separadas unas de otras en distinto grado, no forman estructura atómica alguna, pero sí mantienen un equilibrio eléctrico: por medio de corrientes de electrones que a su vez inducen un campo magnético. Pues solo una corriente eléctrica es capaz de crear un campo magnético. Esta energía, millones de veces más fuerte que la de la gravedad, fluye a veces en vastos filamentos de plasma. Pasillos electromagnéticos de corriente, como enormes cables trenzados, que discurren por toda la inmensidad del cosmos y adoptan las diversas estructuras celestes que se observan en el espacio y que nunca pudieron ser explicadas por la teoría de la gravedad y tampoco por el comportamiento de gases neutros en el vacío.

Afirmaba Thornhill que el plasma se ha encontrado en el 99,9 por ciento del universo físico, y por lo tanto sería imposible explicar una cosmología del universo que no tuviera en cuenta este estado. En esta línea expuso que las estructuras de filamentos de plasma, como tendidos eléctricos, llevan corriente a través del espacio y pueden observarse e identificarse no sólo en las redes de alrededor de galaxias y estrellas, sino también en las colas de los cometas y en los planetas. Esta Visión del Universo eléctricamente interconectado nos desvincularía de la idea del aislamiento, situándonos dentro de un ambiente de soles donde nuestro sistema solar sería parte de un ambiente galáctico que estaría conectado entre sí y con todas las galaxias.

El físico, usando una voz modulada y vibrante, señaló que la comunidad científica sabía, siendo un hecho incuestionable por las mediciones de campos magnéticos de los radiotelescopios, que el universo contiene una ingente cantidad de energía eléctrica. La cosmología moderna, influida por la teoría de la relatividad de Einstein, con sus ideas del big bam, el universo en expansión, la teoría de la inflación, etc., se basan en una suposición que ignora esta parte ponderada y esencial de la naturaleza física del universo, imprescindible para dar explicación teórica y matemática a la complejidad del cosmos: es decir (y volvía a reiterar): es una cosmología fallida puesto que no tiene en cuenta a la luz eléctrica.

Un zumbido estridente aunque lejano se moduló entre sus últimas palabras, en el preciso instante que se volvía a ir la luz de la sala. La mayoría del público pensó que iban a proyectar nuevas diapositivas, o algo así; sin embargo, esta vez el foco del proyector también quedó apagado y las luces de emergencia, en su mayoría fundidas o parpadeantes, quedaron como único alumbrado, una luz que no lograba sino distorsionar la visión entre las sombras, creando una semi oscuridad nerviosa en todo el recinto. Alguien comentó que olía a cables quemados: segundos después el olor resultaba evidente.

–¡Todo un universo eléctrico y a ustedes se les va la luz!… –gritó alguien entre las butacas.

–¡Se les ha fundido el plasma a los doctores! –chanceó otro.

–¡Por favor, señores… Mantengan la calma! –exclamó sobre el escenario el director del evento–. Ha habido al parecer un problema técnico… Enseguida se subsanará y volveremos a tener luz. Permanezcan por favor en sus asientos!

–¡Hay algún electricista entre los presentes! –volvió a gritar el gracioso–. Pero de los prácticos no de los teóricos, que de esos aquí nos sobran.

Algunas risas se descollaron entre el afonía bulliciosa de la sala… Por las ventanas se veía un bello firmamento encendido de estrellas y constelaciones, envuelto sin embargo en una fantasmagórica  nebulosa de color azul verdoso, de la que refulgían como una especie de ondas teñidas de distintos colores, era una asombrosa aurora boreal, que salpicaba desde la profundidad del espacio, los contornos esbozados de los árboles y del horizonte.

Uno de los científicos presentes en la sala, con la fascinación, que no el miedo, centelleando en sus ojillos profundos, señalando por la amplia ventana, no tuvo por menos que prorrumpir :

¡Miren, parece la tormenta electromagnética, de una gran explosión solar!

2
Ago

El__sueño__de un__funambulista_

   Posted by: franjamares    in General

El__sueño__de un__funambulista_

Man on Wire

(Nueva York, 1974)

Un hombre joven y audaz, un soñador de las alturas y lo imposible, un joven encantadoramente loco con un grupo de colegas y colaboradores encantadoramente locos también… Dos torres gemelas erguidas en el cielo de Nueva York, el techo simbólico del capitalismo, las cimas del mundo en las que Philippe Petit desea pasear sobre su alambre tensado, con su pértiga como única compañía, y la emoción necesariamente pura de sentirse entre las nubes por encima del miedo y la muerte. Para encontrar en ese instante, más allá de la concentración absoluta, el presente eterno, la paz y la voz serena del Ser.

La película, entre el documental y la ficción, muestra imágenes reales de la preparación de la gesta, así como fotografías del momento clave en que el funambulista Philippe cruza silenciosamente de un lado a otro del alambre, hasta ocho veces lo hizo, se detiene en el punto equidistante de las dos torres, se tumba en cruz, se arrodilla y saluda majestuosamente a un publico sugerido en el cielo neoyorquino (estuvo aprox. 45 minutos en el alambre).

Y por supuesto la primera gesta, que no era otra que entrar en las Torres Gemelas usando documentación falsa como empleados de mantenimiento, subir camuflado un equipo de más de 1000 kilos hasta la última planta, permanecer escondidos debajo de unas lonas hasta que, entrada ya la madrugada, los distintos retenes de seguridad relajaran su trabajo de inspeccion rutinaria y, libres por fin de guardias, en un tiempo record de apenas tres horas, lograran montar y tensar el alambre de torre a torre con la seguridad mínima.

Philippe por la mañana lograba satisfacer su sueño y el sueño de su equipo, que pronto, una vez se asimiló la proeza, fue el sueño de toda la ciudad de Nueva York.

La hermosa música de Michael Nyman y J. Ralph y los testimonios de los auténticos héroes y testigos, dan a la película un interés especial.

YouTube Preview Image