Poesía de Orilla a Orilla…
Un espacio para la poesía
de ida y vuelta
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Un Guiño a la Vida
Por Franjamares

…creces y naces y al abrir los ojos te suspendes
y aprendes a seguir suspendiendo y aprendiendo día tras día…
Un guiño a la vida dulce y extraña
que se abre y sucede entre sueños, sorbos y guiños.
Un guiño al miedo que te encoje,
que te sopla a la oreja su saeta fría.
Un guiño al apetito de los niños que no es codicia,
al de los púberes que es médula de fuego,
al de los hombres que está nevado y arde,
a las de las mujeres que es licuada nieve y sangre de lava…
Un guiño al hombre que convive con los hombres
y que no sólo habita frente a ellos.
Un guiño del ojo izquierdo a la diestra madura,
un guiño del derecho a la zurda empedernida y
a los diez mil dedos que crecen en sus palmas y esquinas.
Un guiño al amor de una palabra en su salsa,
al amor de un pensamiento de amor,
al amor de una flor en su tallo,
al del viento brillante y al del sol vibrando.
Un guiño con los dos ojos a los tragos hasta el estómago,
a los ratos de zozobra, a los lapsos de reflexión…
… y a los momentos de sosiego,
y a los instantes de plenitud,
y a las micras de felicidad…
y a los segundos de orgasmo.
Un guiño, sí, a los rayos de sol marcando el día.
Y otro guiño con los ojos abiertos
al paso de la luz en las tardes oscuras,
al descenso de la lluvia que no te deja parpadear…
y a ver crecer a los niños, los adultos
y los árboles que deslindan la avenida…
Me voy andando por esta senda
entrecruzada en el mapa de los hombres,
me voy andando y dando guiños
para que sepan que les quiero,
que prefiero no guardar odios y rencores
y que cada vez me agota más,
la grasa ésta de los recelos
sobre las meninges roseadas del alma.
Me voy andando, nunca mejor dicho,
pero antes quiero enseñarle algo a alguien:
un aviso, un toque, un correo sobre esta ruta de rutinas.
Le diría: encuentra algo nuevo que hacer cada día,
busca un lance cualquiera, un no sé pero voy…
un momento llevado por el azar amigo.
Disuelve pues la rutina, le aconsejaría… y dale un guiño,
esto sí que es cariño, con tu ojo mejor a la vida.
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TANGO
leyendo a JL Borges
Por Juan Bruca
De noche a media luz
al bailar la milonga
se abre el caminito
del grande cambalache…
Sonidos quejumbrosos
Pianos desafinados
Flautas aciduladas
Chirriantes los violines
Trabajosas guitarras
Suspiro entrecortado
de un bandoneón.
Voces de carraspeo
Historias lamentables
Épica seca y chulesca
Letra de Discépolo
o de Alfredo Le Pera.
Largos cuerpos flexibles
Piernas dóciles, arrolladoras
Labios de sangre derramada
Perfumes animales
Alhajas de dublé
Vestido de ropero
Corazones alquilados
Placer a plazo, limitado.
Prometen el amor
Las minas de la casa
a cambio de la plata
que ostenta el valiente
de pelo engominado.
Fuera la luna como plato
en el frió de madrugada
una pareja que se va
estrechamente enlazada.
Y como un rayo, fulminante,
el destello de una hoja
un cuerpo que se cae
rn la cuneta polvorienta
cuajada la promesa
antes de empezar.
En el alba naciente
Del arrabal porteño
un chulo y su hembra
bajando del guión
al compás dos por cuatro
bailando sin descanso
mientras sube, ardiendo,
inextinguible y lenta
en los cuerpos abrazados
la llama del deseo.
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La Viuda
Por Franjamares
La viuda fija sus iris negros
en el entrecejo de ese tipo inesperado.
Sus tres difuntos son ya puro recuerdo:
reposan bajo su paladar mientras,
ya escanciado,
saborea el espléndido caldo carmesí
y su cuerpo, de Proserpina madurada,
ondea mostrando sus encantos
ante las narices del advenedizo
–otros parroquianos beben y bailan
en esta entusiasta libación del viernes–.
Los labios insinuados de esta mujer
hablan de amor sin apego,
de efusión sostenida por el deseo,
de besos de nácar y abrazos de aire…
de deleite espiritual, y de otros altares
donde doblar la espina con el corazón abierto.
–No más que música celestial
en el templo de cualquier Uriel–
Pero ella parece una mujer triunfadora,
libre, liberal, libertina en sazón acorde.
Una hembra muy dispuesta
que luce soberbia la batuta del flirteo
con una voz profunda y algo cascada
esbozando media sonrisa de alcohol…
o desata las caderas del flamenco,
entre palmas y voceos,
con las manos hechas de aire.
Sí… Ella, la viuda,
ha enterrado a todos los hombres,
y no sólo a los suyos.
Ahora es una mujer independiente
–y contramoderna–.
Una hembra que elige sin ligaduras
sobre el sitial flotante de la insumisión femenina.
La médula de ternura y pragmatismo
que vertebra a toda mujer
es ahora su mejor vestigio,
su más dulce y secreto atractivo:
Ese grial al que algún hombre advenedizo
sentirá la urgente tentación de escanciar.
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Desde Holguin, Cuba: Elmys García Rodríguez
Uno se Multiplica
a Través de las Razones
Me dijeron que en mi patio
no crecían madreselvas
que aprendí a ser independiente
a fuerza de circunstancias,
que vivo en un país habitado
por hombres que conforman mi piel.
Aquí he tenido noches de intensa vigilia,
han sido largos mis atardeceres,
me dijeron: “El horizonte es tuyo
decídete a volar…”
y tuve miedo de emprender mi viaje,
me quedé sola
escuchando los latidos de mi sangre.
Tu recuerdo me sirve de abrigo
mis palabras alcanzaron otra dimensión;
pero el tiempo me dice que te has ido
y no sé cobijarme detrás de un adiós.
Para qué acercarnos
a lo que no tiene límites,
todo es debido a la soledad,
la locura la agonía.
Algo cae junto a mí
es mi corazón que late lejos,
duermo sobre los sueños de espanto.
Nací en un país hechizado por tambores,
tengo mis manos al rojo vivo.


