LA GRUTA DEL MAR

Abril 20th, 2008

De nuevo empezó a invadirla aquélla sensación tan extraña, era una mezcla como de tristeza y ansías de buscar una verdad, se sentía extraviada, confusa, llena de temores pero al mismo tiempo con la gran necesidad de encontrar respuestas. Empezó a caminar, sin sentido ni rumbo. Desorientada y perdida. El viento azotaba sus largos cabellos y la envolvía el aroma de la salitre. Se acercaba al acantilado, en el que se había refugiado tantas veces. Ella y sus miedos más recónditos, había compartido con las rocas, la brisa y las aves marinas sus secretos más inconfesables.

Casi sin darse cuenta se encontró en la parte más alta, allá donde muchas veces miraba el horizonte con la esperanza de saber qué o quién habría al otro lado. Se preguntaba por qué nos empeñamos tanto en joder nuestra vida y la de los demás si, de repente todo puede acabar en un momento. Recordaba como muchos de sus amigos habían partido de una forma u otra de la maneras más insospechadas. Una enfermedad terminal en pocos meses. Un accidente de tráfico o un infarto fulminante. ¿Y tanta lucha para qué?

Por eso le gustaba detenerse a contemplar la luna, absorver todos los olores que le brindaba la naturaleza. Ver en la expresión de un bebé la más absoluta ternura y al mismo tiempo el mayor desamparo. Somos seres extraños en muchas ocasiones. La parte humana que nos corresponde es, a veces tan mínima que se convierte en imperceptible.

Tan distraída estaba con sus pensamientos que, de repente se encontró en el borde del acantilado. Sabía que el mar se esforzaba en escalar una y otra vez esas enormes moles de piedra, como si pretendiera alcanzar la cima de una montaña. Lamía constantemente la ladera con sus explosiones de espuma y un sonido estruendoso quizá, con la intención de mostrarle su ímpetu y su furia.

Con el vaivén de las olas perdió la noción del tiempo y le parecía escuchar la voz del mar, estaba segura de que tenía su propio lenguaje.

De repente se lanzó al vacío. El mar la estaba llamando.

Sintió el impacto contra el agua y como su cuerpo se iba hundiendo vertiginosamente, sus pensamientos y sensaciones se producían a una velocidad increíble. Estaba completamente segura de que no era el fin, simplemente una etapa en su búsqueda. Luchaba por salir a la superfice pero desconocía en qué nivel de profundidad se encontraba. Se agotaban sus fuerzas y empezaba a invadirla una sensación entre miedo e impotencia. Quizá, y solo quizá había sido una locura lanzarse desde tanta altura. No había calculado distancias. Temía desmayarse de un momento a otro aunque inexplicablemente aparecía el valor para continuar. Ya no podía más, estaba al límite. Perdió el sentido.

Soñaba o deliraba, sintió que algo o alguien la había cogido por los brazos y la arrastraba al interior de una especie de cueva. No podía ni abrir los ojos, se sentía tan cansada que no tenía otra opción que abandonarse a su suerte. Volvió a perder la noción del tiempo, dejó de sentir sus brazos, sus piernas y el resto de su cuerpo. Solo una mínima parte de conciencia y cordura aparecía de forma intermitente para recordarle que seguía con vida.

No recordaba el tiempo que había transcurrido desde que tomó contacto con el agua hasta que despertó. Se encontraba frente a una fogata. La habían acomodado en una improvisada cama, se sentía seca y caliente y no tenía ni idea de adónde había ido a parar su ropa. Lleva puesta una especie de túnica con símbolos extraños de un brillante color azul y una especie de amuleto colgado al cuello. Estaba rodeada de extrañas plantas cuya misión parecía protegerla y cuidarla.

Miró a su alrededor, se encontraba en una gruta, llena de pasadizos alumbrados por largas antorchas. Escuchaba el sonido del mar tan de cerca que era como si estuviera dentro de él. No se había dado cuenta de que un cuenco humeante estaba justo al lado de su cama. Alguien se había preocupado de preparle un caldo o una sopa. Lo cogió y empezó a sorber poco a poco, estaba muy caliente y la gargante la dolía. Sabía como a hierbas, muy agradable y reconfortante. No, más que un caldo parecía una tisana. Lo terminó poco a poco y volvió a dormirse.

Cuando despertó ya casi totalmente recuperada decidió levantarse. Tampoco había percibido que una especie de sandalias de cuero también con signos grabados las habían dejado a los pies de su particular lecho. No sabía que camino tomar, temía perderse y alejarse de la luz de la fogata. Todo lo que veía le resultaba raro, estrambótico pero no le causa temor. Sentía que estaba siendo protegida…..¿pero por qué o quién?

Empezaba a sentirse angustiada, necesitaba ver a alguien, que le explicara qué hacía allí, qué era esa especie de cueva y por qué habían decidido dejarla ahí.

De repente escuchó una voz a sus espaldas:

-¿Te sientes mejor?

Una mujer de largos cabellos negros ataviada con una túnica parecida a la suya había aparecido con una de esas antorchas en la mano. Era de rasgos angulosos y de extrema belleza.

-Si, respondió con voz entrecortada.- ¿Podrías decirme dónde estoy?

-En las entrañas del mar- Aquí viniste a buscar algo ¿me equivoco?

-Cierto, aunque no pensaba que sucedería así. Mi nombre es Kiona.

El mío Zahira, respondío con una sonrisa. Se encontraba más cómoda, había mucha calidez en su expresión y en sus palabras.

-Creo Kiona que debes estar haciéndote muchas preguntas. Si me acompañas te mostraré mi refugio. Comenzó a caminar detrás de ella, le infundaba confianza y tenía claro que no le quedaba otra opción. Su intución le decía que no iba a sufrir daño alguno……

EL CUENTO DE LAS PELUSAS CALIENTES

Marzo 30th, 2008


Érase una vez, hace mucho tiempo, dos personas muy felices que
se llamaban Tim y Maggi y tenían dos hijos llamados Juan y Lucy.
Para comprender cuan felices eran, hay que explicar como eran
las cosas entonces.
En aquellos días felices se les regalaba a todos, nada más
nacer, una pequeña y suave Bolsa de Pelusa. Cada vez que una
persona metía la mano en su bolsa podía sacar una Pelusa
Caliente.
Había mucha demanda de Pelusas Calientes, porque cada vez que
alguien recibía una ésta le hacía sentirse muy contento y
abrigado. La gente que, por alguna circunstancia, no recibía
Pelusas Calientes con regularidad, corría el peligro de contraer
una enfermedad en la espalda que los encogía y, a veces, podían
incluso morir.
En aquellos días era muy fácil obtener Pelusas Calientes. Cada
vez que a alguien le apetecía, podía ir a tu encuentro y
decirte: “Me gustaría recibir una Pelusa Caliente”; entonces uno
metía la mano en su bolsa y sacaba una Pelusa del tamaño de la
mano de una niñita. Con la luz del día, la Pelusa sonreía y
florecía, transformándose en una Pelusa Caliente amplia y
acogedora. Entonces se colocaba encima del hombro, la cabeza o
las piernas de la persona, y la Pelusa se acomodaba
perfectamente, deshaciéndose contra su piel y haciéndola sentir
llena de alegría. La gente siempre se estaba pidiendo mutuamente
Pelusas Calientes y, puesto que eran gratis, no había problemas
para conseguir suficientes. Al haber para todos, las personas se
sentían muy cómodas y abrigadas la mayor parte del tiempo.
Pero un día un brujo malo se enfadó porqué todos eran felices y
no le compraban pociones y ungüentos. El brujo era muy listo e
ideó un plan perverso. Una hermosa mañana se acercó
cautelosamente a Tim, mientras Maggi jugaba con su hijita, y le
susurró al oído:
- “Mira Tim, fíjate en todas las pelusas que Maggi le da a Lucy:
si continúa así va a agotarlas y no quedará ninguna para ti”.
Tim se quedó estupefacto. Se volvió al brujo y le dijo:
– “¿Quieres decir que no siempre encontraremos una Pelusa
Caliente en la bolsa cuando la busquemos?”
Y el brujo contestó:
– “Por supuesto que no; cuando las agotes ya no tendrás más”. Y
dicho esto, se fue volando, riendo y cacareando.
Tim se lo tomó muy a pecho y comenzó a controlar cada vez que
Maggi le daba una Pelusa Caliente a alguien. Acabó por sentirse
muy preocupado, porqué a él le gustaban mucho las Pelusas
Calientes de Maggi y no quería que se las diera a los demás.
Realmente creía que Maggi no tenía derecho a gastar todas sus
Pelusas Calientes con los niños y otras personas. Empezó a
quejarse cada vez que veía a Maggi dar una Pelusa Caliente a
alguien, y como Maggi lo quería mucho dejó de dar Pelusas
Calientes con tanta frecuencia y las reservó para él.
Al ver esto, los niños pensaron que era malo regalar Pelusas
Calientes cada vez que se las pedían o les apetecía hacerlo.
También ellos se volvieron muy cuidadosos; vigilaban
estrechamente a sus padres y cuando les parecía que daban
demasiadas Pelusas Calientes a alguien, protestaban. Poco a poco
comenzaron a preocuparse por las Pelusas Calientes que daban
ellos mismos. Aunque ciertamente encontraban Pelusas cada vez
que las buscaban en su bolsa, cada vez metían menos la mano
dentro y se hicieron más y más tacaños. Muy pronto la gente notó
una escasez de Pelusas Calientes, y comenzaron a sentirse menos
contentos y abrigados. Empezaron a encogerse y, de vez en
cuando, alguno moría por falta de Pelusas Calientes.
Así, más y más personas iban a comprarle pociones y ungüentos al
brujo, aunque no parecían muy efectivos. Y sucedió que la
situación comenzó a ponerse muy difícil. El brujo malvado no
quería que la gente muriera, entre otras cosas porqué los
muertos no pueden comprar pociones ni emplastos, así que
desarrolló un nuevo plan: le dio a cada uno una bolsa muy
similar a la Bolsa de Pelusas, excepto que estas nuevas eran
frías, mientras que como es sabido, las auténticas Bolsas de
Pelusas eran calientes. Dentro de las bolsas del brujo había
Espinas Frías. Estas Espinas Frías no hacían que la gente se
sintiera contenta y abrigada, sino, por el contrario, fría y
pinchada, pero evitaban que a la gente se le encogiera la
espalda y muriera. Por lo que, desde entonces, cada vez que
alguien decía: “Quiero una Pelusa Caliente” le contestaban: “No
puedo darte una Pelusa Caliente, pero, ¿quieres una Espina
Fría?”.
A veces se acercaban dos personas pensando obtener una Pelusa
Caliente, pero uno u otro cambiaban de opinión y terminaban
dándose Espinas Frías. Así sucedió que, aunque muy pocas
personas morían, muchas seguían desdichadas y sintiéndose frías
y pinchadas. La situación se complicó muchísimo, pues las
Pelusas Calientes, que antes solían ser gratuitas como el aire,
ahora eran extremadamente raras y muy caras. Eso ocasionó que la
gente hiciera cualquier cosa para conseguirlas.
Antes de que el brujo apareciera, la gente acostumbraba a
reunirse en grupos de tres, cuatro o cinco personas, sin
importarles demasiado quien daba Pelusas Calientes a quién.
Después de que llegara el brujo, la gente comenzó a emparejarse
y a reservar todas sus Pelusas Calientes para sus parejas. Los
que se descuidaban y daban una Pelusa a alguien más se sentían
culpables, porque sabían que su pareja seguramente notaría la
pérdida. Y los que no encontraban una pareja generosa tenían que
comprar sus Pelusas y trabajar muchas horas para poder pagarlas.
También sucedió que algunas personas cogían Espinas Frías
(habían muchas y eran gratis), las cubrían de un material blanco
y esponjoso, y las hacían pasar como Pelusas Calientes. Estas
Pelusas Calientes falsificadas eran realmente Pelusas de
plástico y aún ocasionaron más dificultades: si, por ejemplo,
dos personas intercambiaban libremente Pelusas de Plástico, se
suponía que tenían que sentirse bien por ello, pero, en cambio,
se separaban sintiéndose mal. Y como pensaban que lo que se
habían estado dando eran Pelusas Calientes, se quedaban muy
confundidos, sin darse cuenta de que esos sentimientos fríos e
hirientes que tenían eran el resultado de haberse dado un montón
de Pelusas de Plástico.

De esta forma, las cosas se pusieron muy, muy tristes desde la
llegada del brujo que hizo que la gente creyera que algún día,
cuando menos lo esperaran, no encontrarían más Pelusas Calientes
en sus Bolsas.
No hace mucho tiempo, una adorable y robusta mujer de anchas
caderas y feliz sonrisa, llegó a ese país entristecido. Parecía
no haber oído hablar del brujo, y no le preocupaba que se
acabaran sus Pelusas Calientes. Las daba libremente, incluso
cuando no se las pedían. Algunos no las aceptaban, porqué hacía
que los niños se despreocuparan de que se les acabaran las
Pelusas Calientes. En cambio a los niños les gustaba mucho,
porque se sentían bien con ella. Y pronto volvieron a dar
Pelusas Calientes siempre que les apetecía.
Las personas mayores comenzaron a preocuparse y decidieron
utilizar la Ley para proteger a los niños del derroche de sus
reservas de Pelusas Calientes. La Ley convirtió en una actividad
criminal dar Pelusas Calientes de manera descuidada, sin
licencia. Sin embargo, muchos niños parecían no enterarse y, a
pesar de la Ley, continuaron dándose Pelusas Calientes unos a
otros siempre que les apetecía y siempre que se las pedían. Y
como había muchos niños, casi tantos como personas mayores,
parecía que podrían salirse con la suya.
Hoy por hoy es difícil adivinar que sucederá.
¿Podrán las fuerzas de la ley y el orden detener a los niños?
¿Irán las personas mayores a unirse a aquella mujer y a los
niños para darse cuenta de que siempre habrá tantas Pelusas
Calientes como se necesiten? ¿Recordarán Tim y Maggi aquellos
días en los que eran tan felices, sabiendo que había Pelusas
Calientes en cantidad ilimitada? ¿Las volverán a dar libremente?
Este asunto se extiende por toda la tierra y probablemente la
lucha esté llegando a donde tú vives. Si lo deseas, y ojalá que
así sea, puedes unirte dando y pidiendo libremente Pelusas
Calientes, y siendo todo lo amoros@ y san@ que puedas.

Llegó a mi este cuento hace unos años y tiene un significado especial. Espero que lo disfrutéis y tengáis presente lo importante que son las caricias.

Mar

El bosque encantado

Febrero 9th, 2008

Amaneció un día espléndido, el invierno estaba ya en su ocaso y anunciaba una próxima primavera. Paula se desperezó, miró el reloj de la mesilla. Eran poco más de las ocho de la mañana. Estaba pasando unos merecidos días de vacaciones en casa de su buena amiga Alba. ¡Cuántas veces le había insistido en que la visitara! Sin embargo ella no se había decido por el exceso de trabajo y responsabilidad que tenía en la empresa, pero ya estaba tomando conciencia de que “o desconectaba” de una vez o caería en la peligrosa actitud de sentirse imprescindible para todo en el trabajo y negarse algo tan importante como son unos merecidos días de descanso.

Alba vivía en un lugar precioso, al norte del país. Encontrabas su pequeño paraíso tras dejar una carretera secundaria y tomar una de tierra que te conducía a un gran caserón en medio de un bosque increíble. Paula muchas veces se preguntaba el por qué vivimos al borde la locura, las prisas y los retos profesionales y olvidamos lo importante que es el contacto con nuestra propia esencia. No tenemos tiempo de pararnos, de relajarnos, de escucharnos, de sorprendernos.

Se levantó feliz, tomó una ducha rápida y se vistió de la forma más cómoda posible. Tenía en mente dar un largo paseo por ese bosque inmenso. Desde el primer momento que lo vió sintió que tenía “magia”. Decidió llamarle “el bosque encantado”. Como cuando de niña inventaba uno y mil juegos y ponía los nombres más inverosímiles a las cosas más sencillas.

-¡Buenos días!- Saludó con voz alegre a su amiga

-¡Vaya chica! ¿Pero cómo tan pronto levantada?

-Ya ves Alba, quiero aprovechar cada segundo de este maravilloso paisaje y dar un largo paseo por ese bosque tan hermoso.

-¡Muy bien, pues a coger fuerzas para tremenda caminata! Venga, el desayuno está listo.

Después del almuerzo salió al exterior, contempló su alrededor como su fuera su primer encuentro con la naturaleza. Respiró hondo y llenó sus pulmones de todos los aromas que era capaz de asimilar. Se había preparado una mochila con algo de fruta, un pequeño bocadillo y una gran botella de agua. El día empezaba a ser un poco caluroso para la época del año.

Empezó a adentrarse por el bosque, no temía perderse ya que un marcado sendero la ayudaría a retomar el camino de vuelta. Aquello era espectacular, no tenía ni idea de los nombres de los árboles, ni de esas flores tan extrañas pero tan bellas. Estaba disfrutando de todo lo que sus ojos alcanzaban a ver.

De repente, le pareció escuchar el sonido de una cascada. Se guió por el ruido del agua al caer y caminó hasta encontrar un claro, de allí provenía la música del agua.

Agrandó sus ojos ¡No podía creer lo que estaba viendo! Recordaba una imagen similar en algunos de tantos correos electrónicos que le habían enviado.

Saltos de agua tropezando con las piedras que se iban abriendo camino para seguir su curso por un estrecho río, que iba bordeando los árboles y las plantas.

Decidió explorar los alrededores de aquél pequeño paraíso y caminar un poco más teniendo la referencia de aquél exótico lugar.

Pasaron unas pocas horas y empezó a sentir hambre. Se acomodó en la alfombra de hierba y sacó las provisiones de su comida. Terminó el bocadillo y dos piezas de fruta. Empezó a vencerla un extraño sueño, no se lo explicaba porque había dormido como un bebé, pero también había andado durante mucho tiempo. Decidió apartar sus rigidez y dejarse llevar por todo lo que sintiera. Si ahora era sueño, pues bien, echaría una cabezadita y luego regresaría a contemplar el tesoro que había descubierto…

Agrandó sus ojos ¡No podía creer lo que estaba viendo! Recordaba una imagen similar en algunos de tantos correos electrónicos que le habían enviado.

Saltos de agua tropezando con las piedras que se iban abriendo camino para seguir su curso por un estrecho río, que iba bordeando los árboles y las plantas.

Decidió explorar los alrededores de aquél pequeño paraíso y caminar un poco más teniendo la referencia de aquél exótico lugar.

Pasaron unas pocas horas y empezó a sentir hambre. Se acomodó en la alfombra de hierba y sacó las provisiones de su comida. Terminó el bocadillo y dos piezas de fruta. Empezó a vencerla un extraño sueño, no se lo explicaba porque había dormido como un bebé, pero también había andado durante mucho tiempo. Decidió apartar sus rigidez y dejarse llevar por todo lo que sintiera. Si ahora era sueño, pues bien, echaría una cabezadita y luego regresaría a contemplar el tesoro que había descubierto…

Despertó algo sobresaltada, como si alguien la estuviera observando. Miró a su alrededor y sorprendida encontró frente a si una pequeña niña de unos seis o siete años que la contemplaba con cierto descaro.

-¿Descansaste? Le preguntó.

-Sí, me quedé profundamente dormida. ¿De dónde sales tú?

-¡Vaya! Respondió ella, ya imaginaba que ni siquiera serías capaz de reconocerme, añadió con cierto tono de tristeza.

-¿Reconocerte? Disculpa pequeña pero creo que es la primera vez que te veo. Nunca estuve en este bosque. ¿Tú vienes a menudo? Le preguntó con la intención de que la niña dejara de centrarse en ella y le dijera el por qué estaba allí sola..

-Te esperaba, hace ya tanto tiempo que te espero, añadió con un profundo suspiro. Ya me advirtieron que seguramente habías borrado de tu memoria la mayoría de los momentos que pasamos juntas.

Paula estaba cada vez más confusa, no tenía la más remota idea de quién era esa niña ni a qué momentos se refería. Lo más extraño de todo es que la veía tan segura de que la conocía que eso aún le intrigaba más.

-¿Y cuál es tu nombre?

-Paula, dijo ella. ¿Paula? ¡Vaya! Te llamas como yo.

-Claro, veo que sigues sin darte cuenta….

Esa niña empezaba a hacerla sentir incómoda. Se la veía tan frágil pero al mismo tiempo tan segura de si misma. No era actitud para una niña.

-Bien Paula, ¿te importaría explicarme exactamente de qué debo darme cuenta? Espero que entiendas mi desconocimiento sobre eso.

-Ya no jugamos nunca, te quedaste en tu mundo de adultos, con responsabilidades, recibos por pagar, hombres que jamás podrán llegar a ver dentro de ti, que nunca descubrirán tu verdadera esencia. Personajes que te rodean que no hacen más que enturbiar tu energía, que intentan manipularte para su propio provecho y que jamás accederán a tu verdadera belleza. Tu mundo interior, el de las emociones, los miedos, las inseguridades. Con la necesidad de crear una muralla a tu alrededor, sin darte cuenta me excluiste a mi.

-¿Recuerdas cuando nos encaramábamos por la barandilla de la casa y bajábamos de espalda? Y lo que gritaba mamá: Niñaaaaaaaa que te romperás la crisma por querer hacer lo mismo que tus hermanos. Cuando jugábamos en la calle hasta bien entrada la tarde después de la salida del colegio. Aquél arroz que cocinamos en la parte trasera de la casa que quedó horrible de seco y pastoso y ¡ni siquiera los perros lo querían! Cuando mamá nos llevaba al entierro de la sardina, que bien lo pasábamos poniéndole el papel de celofán azul. Y cuando Paquito se intoxicó con unos medicamentos de papá. ¿De veras olvidaste todo aquello?

Unas lágrimas recorrían el rostro de Paula, de la Paula adulta y mujer. Era todo cierto, había olvidado y dejado de lado completamente a “su niña”. Se había convertido en una adulta cargada de responsabilidades, que reía poco, fumaba mucho y bebía de vez en cuando para ahogar sus penas, sus despechos y resentimientos. Que se había conformado con las migajas, que en forma de un cuestionable amor le habían tirado al suelo algunos de los hombres que pasaron por su vida. Era doloroso tomar conciencia de ello, sin embargo necesario.

La miró con una amplia sonrisa, la cogió de la mano y se perdieron en la profundidad del bosque. En aquél mismo instante supieron que nunca más se iban a separar.

AHORA QUE TE TENGO

Febrero 2nd, 2008

Este es el título del libro escrito por el periodista vasco Fermín Apezteguia. Tuve la oportunidad de conocerlo en la primavera de 2005 en las jornadas que se celebran en Barcelona con motivo del Memorial del Sida. Curiosamente, fue a través de mi amiga Vicky fallecida recientemente por la que me puse en contacto con Fermín.

¿Qué hago yo en unas jornadas de un Memorial? Bien, soy socia de una ONG de afectad@s/ infectad@s por el sida. Por un motivo muy sencillo, durante un tiempo que se me empezaba a hacer interminable, poco a poco fueron muriendo personas que, de una u otra forma estaban relacionadas con mi vida. Conocidos del barrio, amigos de mis hermanos, amigos de mi amigos. En los años ochenta parecía que, de repente, el único cometido del virus era llevarse a todo el que se pusiera por delante.

Fueron tiempos duros y dolorosos, cuando solo existía un ÚNICO medicamento, el Retrovir que además fue creado para el cáncer. Mal íbamos.

En los años que he vivido he conocido individu@s de muchas clases, verdaderas bestias carentes de cualquier tipo de sensibilidad. Protagonistas de otras vidas porque las suyas eran demasiado vacías como para compartirlas. Vampiros de energía de los que hoy huyo como si me persiguiera el mismísimo diablo. Sin embargo ha sido y sigue siendo para mí todo un honor, una experiencia sin precedentes y una verdadera aventura compartir con mis amig@s VIH+.

“Sidosos” en términos despectivos y que tanto aún me duele ese adjetivo calumniante y marginal.Ell@s me han mostrado la esencia de la vida, me han arropado con abrazos que nacen del origen del alma. Me aman sin condiciones, sin cuestiones ni juicios, porque ell@s han adquirido la sabiduría que también te transmite una enfermedad terminal.

“Si te dijera amor mío que temo a la madrugada

No sé qué estrellas son éstas que hieren como amenazas.

Y sé que sangra la luna al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga

Quiero que no me abandones, amor mío, al alba”

Les prepararon para morir, así……como el que se prepara para unas oposiciones o para un viaje, pero solo de ida. Por aquél entonces se les brindaban a los enfermos talleres para ayudarlos a irse con dignidad, con la intención de que no se marcharan llevándose la culpa absoluta como única compañera.

Han cambiado muchas cosas desde entonces, sigo disfrutando de la compañía de los “sentenciados a muerte” y sigo sobretodo agradeciéndoles que me recuerden esa frase que tanto me gusta y que para mí tiene ya un significado especial:

LUCHAR, YA ES MEDIO TRIUNFO CONQUISTADO,

QUE NO IMPORTA LAS VECES QUE HAS CAÍDO,

SI DESPUÉS DE CAER TE HAS LEVANTADO

La absurda muerte de Josefina Montes

Enero 26th, 2008

Han transcurrido como diez u once años de aquélla fatídica noche. En muchas ocasiones mis recuerdos se transforman es espesas lagunas cenagosas, imagino que con el propósito de ocultar vivencias dolorosas a través de pérdidas “ocasionales” de memoria. Sin embargo me veo casi en la obligación de ofrecer a Josefina este pequeño homenaje o recuerdo a su memoria.

 

Era una muchacha de raza gitana, a penas tenía 20 ó 21 años, estaba presa en la cárcel de Brians, y provenía como la mayoría de nosotras de la cárcel preventiva de Wad-Ras. Una vez condenadas nos llevaban en conducción al penal. Hay muchas cosas que en esta puñetera vida no olvidas, y una de ellas es la estancia en una prisión.

Esa noche, que no sabría muy bien en qué estación del año ubicar, seguramente invierno hasta donde la memoria me alcanza. Bien, seguro que fue sábado o domingo ya que eran los días acordados para los vis a vis.

 

Ella se había reunido con su pareja, para disfrutar de los pocos momentos de sexo e intimidad que te brindan las instituciones penitenciarias, por aquél entonces una vez al mes. Si eres consumidora de drogas, normalmente te hacen llegar alguna pastillita o sustancia bien escondida que burla los controles de l@s funcionari@s con la intención de que escapes por una horas de ese espacio infernal. Curiosamente me llamó la atención enterarme de que ella estaba en una celda de primer grado (chupano en argot taleguero) por tenencia de ilícita de drogas. Nunca la vi colocada ni trapicheando con drogas.

 

Por aquél entonces yo me encontraba en el D.A.E (Departamento de Atención Especializada) que quedaba justo debajo de las celdas de castigo, así se llamaban y no creo que hayan cambiado demasiadas cosas. Si te rebelas recibes tu castigo, no hay más que hablar o negociar.

 

De repente, alrededor de las nueve de la noche se empezaron a escuchar unos escalofriantes gritos de auxilio:

¡SOCORRO! ¡ME QUEMO! ¡POR FAVOR! ¡ME QUEMO!!!!!!! Las internas,  tanto de mi módulo como las del resto de la prisión gritábamos como posesas para que subieran de una vez a abrir la celda y rescatar a Josefina del humo y las llamas. Se hizo interminable el tiempo de espera, transcurrió una eternidad hasta que llegaron las funcionarias. Todo fue inútil, ella se achicharró literalmente, incluso fue peor al abrir la puerta ya que la corriente de aire propagó las llamas. Ingresó casi cadáver en un hospital cercano con un alto porcentaje de quemaduras en todo su cuerpo. Aún a día de hoy retumban en mis oídos su llamada de auxilio. No pude hacer nada por ella, pero hoy puedo escribir esto para denunciar otra muerta absurda e inútil.

 

 La solución no se encuentra en encerrar el problema y mucho menos ignorar que, en un país europeo donde tanto presumimos de tolerancia, libertad e igualdad sigan ocurriendo muertes absurdas como la de Josefina con total impunidad.

 

Mi niña, se que ya no estás, pero han sido muchos años de silencio y tenía que salir a la luz tu paso por esta vida y tu horrorosa despedida de ella.

 Esta es un historia real, ocurrida hace poco más de diez años en el penal de Brians (Martorell) provincia de Barcelona, en el módulo de 1er grado, celdas de castigo. Castigo y muerte para Josefina, sin más comentarios.    

¿Cerrar puertas o dar portazos?

Enero 20th, 2008

¿Cerrar puertas o dar portazos?

 

En muchas ocasiones nos encontramos en situaciones incómodas que requieren de decisiones drásticas para salir de ellas.

 

Un claro ejemplo es el que concierne a las relaciones afectivas. Normalmente van unidas a sentimientos de apego que nos impide reaccionar y nos deja trabados esperando que “algo pase”. Cuando ya está más que claro que esa persona nos aporta más malestar que buenos momentos, cuando casi con luces de neón estamos leyendo:

¡EH! ¡QUE ESTO SE TERMINÓ! ¡DESPIERTA!

 Parece ser que más cuesta alejarnos, rendirnos y dejarla marchar. Nos apegamos. Sucede que, en vez de ser capaces de admitir que es prácticamente imposible continuar, nos seguimos aferrando a esa especie de propiedad imaginaria que hemos tejido a su alrededor.

  

Aquí aparece la excusa, la que tod@s muy bien sabemos utilizar cuando somos conscientes que esa ruptura nos aportará dolor, pena y sufrimiento. Ya no queremos pasarlo mal, ya hemos padecido bastante, pero ¿por qué otra vez? Llegados a este punto creamos nuestro propio sentimiento de culpa por no haber sido capaces de conservar algo tan bello como el mismísimo amor.

  

Sin embargo estamos perdiendo de vista u olvidando que el amor no es posesión, dictadura, abusos, malostratos , manipulación ni desidia. Que no se basa en los celos, el control ni en el gobierno de una vida ajena. Se nos pasa también que tenemos existencia propia, nuestras aficiones, sueños y proyectos. La necesidad del espacio propio sin anular el espacio en común. Ahí es cuando debemos tener claro esto:

O CERRAR LA PUERTA……O DAR EL PORTAZO.

  

Curiosamente cuando ya a modo de darnos este ultimátum por nuestro equilibrio mental y emocional, damos por zanjada o finalizada esa relación de forma real y una vez herméticamente cerrada esa puerta, se van abriendo otras a modo de alternativas, nuevas vivencias, viajes, cambios de empleo o miles de situaciones que éramos incapaces de ver al estar volcando la mayor parte de nuestra energía en algo que había muerto.

¿Cierras la puerta o das el portazo?

  

Tú decides, tu vida es tuya.

 

Mar

Enero 16th, 2008

memorial-147.jpg

Probando para subir imágenes os dejo una foto de Trinidad

La “conspiración cósmica”

Enero 9th, 2008

 Amigos de DC, quiero compartir con vosotr@s un correo que he recibido esta misma tarde en mi cuenta:

EL RINCON DEL ESCRITOR   

 Querid@s amig@s, es un placer presentaros “El rincón del escritor”. ¿Qué es el rincón del escritor?

Un espacio único, donde escritores noveles (hayan publicado o no), podremos encontrarnos, con el fin de de conocernos y compartir esa parte de nuestra vida, que tan felices nos hace, escribir.Expondremos nuestras inquietudes y vivencias literarias en un ambiente distendido y donde los usuarios harán propuestas:Charlas, presentaciones de libros, informaciones de eventos, correcciones etc.

Este espacio empezará a funcionar el 1º Viernes de Abril del 2008.Si estas interesad@ rellena los datos siguientes para incorporarlos a la base de datos de “El rincón del escritor”

 Me lo envía una buena amiga que conoce bien mis inquietudes creativas y que ya ha publicado. No dudéis que me apunté enseguida!!!!!!! Espero que me hagáis el honor de iniciar mi “rodaje” en este espacio tan querido para mí. Estoy de veras muy contenta, después de unos días bastante grises respecto a mis emociones. El Ave Fénix vuelve a resurgir de sus cenizas.  

Besos de colores

Mar

Mi presentación……

Enero 5th, 2008

Para empezar, mi presentación:

Nací en Barcelona, a finales del mes de octubre. Arropada por mi querido mar mediterráneo, y como canta Joan Manuel Serrat:

“ A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos” Mis orígenes son de Andalucía, de los que heredé el tono moreno de mi piel, los ojos morunos y mi afición por la rumba, el flamenco y los ritmos latinos.

Para que me conozcáis un poco mejor os diré que hace más de diez años que practico deporte, me gusta leer y más aún escribir. Disfruto de las cosas sencillas de la vida, una grata conversación con un buen amig@, contemplar una preciosa luna, sentir la lluvia, la brisa, el calor de sol, el frío del invierno y una buena compañía. Simplemente me siento afortunada por sentir la VIDA.

Confirmar, de paso que tengo también tremendo carácter y suelo actuar de forma impulsiva cuando alguna situación me altera, como también tengo la capacidad de razonar y disculparme cuando entiendo que no tengo razón o me equivoco, soy muy escorpiona para estas cosas.

Agradeceros que me brindéis este espacio para expresarme y, deciros de paso que ya estoy con miles de ideas y proyectos para continuar plasmando mis emociones a través de este blog.

Esto es todo……de momento!!!!!!!

Besos de colores

 

Mar

 

Tu blog Hechicera

Enero 2nd, 2008

Todo tuyo, disfrutalo

saludos

Desco